Sábado 24 mayo 2008; La gran cena

  

   El sábado cuando conseguí abrir los ojos a eso de las cuatro de la tarde, creí que me iba a morir. La cabeza la tenía a punto de estallar, el corazón acelerado se me había trasladado a las sienes, los brazos me pesaban como el plomo, el cuerpo me dolía parecía que mil agujas se clavaban en mis piernas y muslos, ¡tenía agujetas! Cuando me incorporé de la cama ¿la cabeza me había engordado? Porque parecía que pesaba más de lo habitual. Cuando me dirigía al baño me mire en el espejo de la habitación y ¡sorpresa! Me había convertido en un muerto viviente, con los ojos hinchados y aun rojos, el pelo revuelto y enredado y la cara pálida. ¿Dónde había pasado la noche? ¿Qué tenía ante mis ojos? No me pillaba una tan gorda desde mi treinta cumpleaños. Pero todo empeoró cuando me acorde que voluntariamente había decidido que la cena de esta noche se celebraría en mi casa. Así que tenía exactamente cinco horas por delante para que se me pasara le resaca para volver a ser persona, para ducharme, arreglarme un poquito, ordenar la casa y como no, hacer la cena. Solución…Paolo.

 

   A las siete de la tarde parecía que había recuperado mi imagen habitual, parecía que la Amanda de siempre estaba de vuelta. Paolo había llegado hacía una hora dejando un rastro de perfume allá por donde pasaba. Hoy se había dejado el pelo suelto aunque estaba segura de que no tardaría mucho en recogérselo. Llevaba unos vaqueros oscuros ceñidos a al cuerpo que marcaban esos maravillosos muslos que tenía, una camiseta en tonos rosas y lilas y sus doscientas pulseras hippies en la mano. Cada vez que Paolo viajaba, se compraba de recuerdo una pulsera de cuero, de hilo, de caucho y un largo etcétera de materiales, así que llevaba siempre una muñeca muy colorida. Estaba en la cocina con su delantal puesto preparando la cena mientras yo me duchaba y me arreglaba un poquito. Después de un rato hablando de lo que podíamos hacer de cena decidimos que haríamos algo rápido de picoteo y como plato fuerte unas pizzas. Así que allí estaba Paolo en la cocina con su cara de concentración y moviéndose de un lado para otro sin parar.

 

   Como me ponía verlo en la cocina, me daban ganas de tirarme hacia el, arrancarle la ropa violentamente, entonces me cogería en peso, apartaría las cosas de la encimera con un movimiento brusco del brazo y me dejaría caer sobre ella, me desgarraría la ropa, separaría mis piernas colocándose el entre ellas, acercaría mi cuerpo hacia el suyo y empezaríamos una danza de movimientos violentos que no tendrían fin, hasta terminar con una explosión de placer. Un placer que solo Paolo sabía darme. Pero en vez de eso, lo dejaría hacer la cena mientras yo me duchaba, aparcaría mi fantasía…pero no sería por mucho tiempo.

 

   Cuando termine con mi restauración ya eran las ocho de la tarde, así que me fui a ayudar a Paolo con lo que quedaba, a veces me pregunto ¿Qué sería de mí sin Paolo? Estoy segura de que un barco a la deriva, un barco sin capitán, como una brújula sin norte, un océano sin agua, un cielo sin estrellas….Estábamos allí los dos juntos, terminando la cena, hablando, riendo, regalándonos besos, caricias, miradas. Lo quería, lo quería mucho.

 

   Meeeeeeeeeeeeck. El sonido del fono nos trajo a la realidad, la cena estaba lista pero aun teníamos que poner la mesa. Violeta acababa de llegar con una súper bolsa llena de ¡¡¡regalos!!! Seguida de Sara y… ¿Roberto? ¿Quien coño era Roberto? ¿Su amigo del sábado? Quince minutos después llegaron los felices papas Paloma y Pedro y como no Carol y Mateo llegaron los últimos y tarde, eso sí Carol iba impecable, con un vestido estampado estilo pre mama tan de moda y unos zapatos que llevaban muy poco tacón, iba monísima.

 

   Aunque por supuesto todas las miradas iban dirigidas a ¿Roberto? todas nos íbamos a la cocina cuchicheando ¿quien es este tío? ¿De donde ha salido? Hasta que en un momento de confusión Sara se vino a la cocina donde estábamos Carol, Violeta y yo. Después de volverla loca a preguntas y mientras se metía un trozo de jamón en la boca nos dijo ¿no os acordáis de el? Es el que me lleve a casa ayer, bueno esta mañana. Y cuando Carol le pregunto que hacía allí con nosotras nos dijo No se, esta tan bueno…y he tenido una mañana de sexo tan increíble que…me lo he traído para que luego se quede en casa. ¿Qué podía hacer?…Quiero repetir y paso de teléfonos…Es muy majo…supongo. Y estallo a reír ella sola en la cocina. Sara tenía el don de dejarnos a todas con la boca abierta cuando menos nos lo esperábamos.

 

   Durante la cena Violeta nos dio nuestros regalos, ¡una súper pinta de chocolate! mientras nos contaba como le había ido por Escocia y Gales y cuales eran sus próximos destinos. Partía a Australia en dos semanas. Hubo un momento que me quedé mirándolos a todos  mientras pensaba en que aparentemente éramos todos personas normales pero que dentro de cada una de nosotras había una vida llena de dudas, complejos, mentiras, enredos ¿Sería así la vida de toda la gente? ¿Con una vida cara a la galería y con otra en la intimidad?

 

   A Carol y Mateo se les veía como el primer día en que empezaron a salir, arrumacos, besos, miradas, cuchicheos al oído y un largo etcétera de carantoñas. Sin embargo, ella se acostaba con su jefe desde hacía ya un tiempo, por el que sentía un deseo incontrolable y del que se estaba colgando. Sara se veía como una mujer segura de si misma capaz de hacerle frente a todo en la vida. Sin embargo desde los veinte visitaba a Marta, su psicóloga. Era una chica frágil, vulnerable y llena de complejos. Violeta parecía la persona mas alegre del mundo, nos hacia reír constantemente, con una vida llena de misterio y aventuras. Sin embargo no tuvo más remedio que hacerse con un trabajo que la alejara de esto. Su familia le hacia la vida imposible y Vi pasó largas temporadas pidiéndonos asilo en nuestras casas huyendo de su familia. Paloma y Pedro eran la pareja modelo a ojos del mundo pero ella era una sometida a los deseos de Pedro un chico machista, celoso y egoísta. Y yo…lo mío es un misterio, el mundo me pone en bandeja la felicidad y yo la rechazo constantemente. Para todos soy una chica de treinta años, que había tenido mil vidas diferentes, que tenía un novio que la amaba sobre todas las cosas, una vida totalmente encauzada. Sin embargo la inseguridad y odio el compromiso me acompañan allá donde me dirija. Cada vez que me lo nombran me echo a temblar, ¿Tan difícil es de comprender?

 

   Estaba metida en mi mundo cuando ¡Amanda, el postre! Y volví a mirarlos mientras me levantaba de la silla y volvía a pensar que estaba rodeada de la mejor gente del mundo, mis amigos. La cena fue todo un éxito y cuando Paolo y yo nos quedamos solos por fin pude dar rienda suelta a mi fantasía de las siete de la tarde…mmm…un día completo.

                                                                                                                            Amanda

 

La cena “picoteo” del sábado que Vi volvió de Gales

 

No tuve mucho tiempo de prepararla gracias a mi salida del viernes y posterior recogida a las ocho de la mañana. Menos mal que Paolo siempre me llena el frigo y los armarios de mil cosas que yo no se ni para lo que sirven. Así que lo dejé casi todo en sus manos. La cena constó de platos al centro. Pan de ajo a la Napolitana, Risotto a la milanesa, berenjenas con queso, croquetas de arroz a la mozzarella. Calculamos y lo hicimos para diez personas, ya se sabe, es mejor que sobre que no que falte.  La verdad es que fue un menú muy sencillo pero estaba ¡delicioso!…

Ya me contareis que tal.

       Amanda

 

   PAN DE AJO A LA NAPOLOTANA

 ·        Ingredientes (4 personas)

 

-         1 tomate grande

-         2 dientes de ajo

-         Media taza de aceite de oliva

-         3 hojas de albahaca

-         4 rebanadas de pan

-         Sal

-         Pimienta

-         Orégano

 

 ·        Preparación

 

  1. Pelar el tomate y hacer un corte en forma de cruz en la base del mismo sin llegar a partirlo.
  2. Coloca el tomate en una olla con 1 taza y media de agua hirviendo, con el corte cruz hacia abajo.
  3. Mientras se cocina mezclar el aceite de oliva con el ajo morteado y los ingredientes secos.
  4. Revuelve bien fuerte la mezcla hasta que el aceite tenga pequeñas burbujas de aire.
  5. Cuando el tomate esté blando, se juntan con la mezcla de aceite y se aplastan con una cuchara.
  6. Se revuelve aplastando los pedazos grandes que van quedando.
  7. Se pica la albaca fina y se mezcla.
  8. Esta mezcla se unta generosamente en cada rebanada y se lleva al horno por 10 minutos a fuego bajo.
  9. Si se quiere dar más sabor aun, a los 5 minutos añade una rebanada fina de queso parmesano.

 

 

 

   RISOTTO A LA MILANESA

  • Ingredientes (4 personas)

-         6 vasos de caldo de carne o caldo de pollo

-         90 g de mantequilla sin sal

-         60 g de tocino picado fino

-         1 cebolla

-         500 g de arroz

-         1/2 vaso, de los de agua, de vino blanco seco

-         1/2 cucharada de hebras de azafrán

-         45 g de parmesano rallado

 

 

  • Preparación

1-     Calentar suavemente el caldo y mantenerlo caliente a fuego lento.

2-      Calentar la mitad de la manteca con el tocino en una sartén

3-      Cuando se haya derretido añadir la cebolla y saltear hasta que esté tierna.

4-      Agregar el arroz y saltear durante 3 ó 4 minutos sin dejar de remover.

5-      Verter el vino y bajar ligeramente la temperatura.

6-      Cuando el arroz haya absorbido todo el vino se le añade un cucharón de caldo y se remueve bien.

7-      Esperar hasta que el caldo se disuelva casi por completo y agregar otro cucharón sin dejar de remover.

8-      Repetir el procedimiento durante unos 15 minutos hasta que el arroz esté semicocido.

9-      Disolver el azafrán en un poco de caldo caliente y añadir a la cacerola.

10-  Agregar el resto del caldo y esperar a que cada cucharón sea absorbido antes de añadir el siguiente.

11-  Cuando el arroz esté tierno retírelo del fuego.

12-  Agregue el resto de la mantequilla y el parmesano.

 

 

  

   BERENJENAS CON QUESO

 

 

  • Ingredientes ( 4 personas)

 -         2 berenjenas

-         1 cebolla

-         1 zanahoria

-         1 tomate

-         1 pimiento verde

-         4 dientes de ajo

-         200 gr. de bacon

-         250 gr. de queso tierno que se funda bien

-         Aceite

-         Sal

-         Pimienta negra

-         Comino en polvo

 

 

  • Preparación

1-     Abrid las berenjenas por la mitad y vaciad la pulpa dejando 1/2 cm. tan solo con la piel.

2-     Calentad el horno a temperatura media.

3-     En una bandeja resistente al calor, poned las berenjenas con la parte abierta hacia arriba y envueltas por debajo con papel de aluminio de manera que se sostengan.

4-     Rociad con aceite la parte superior.

5-      Picad la pulpa de las berenjenas.

6-      Picad los dientes de ajo finamente.

7-      Lo mismo con la cebolla.

8-      Limpiad y picad finamente la zanahoria.

9-      Quitadle las semillas al pimiento verde y picadlo también.

10-   Trocead el tomate.

11-  Se fríe todo esto junto con el bacon cortado en trozos pequeños.

12-  El orden puede ser indiferente: primero el bacon con poco aceite, de modo que se fría en su propia grasa y que quede bien doradito.

13-  Sacáis el bacon de la sartén y lo reserváis en un plato aparte.

14-  A continuación, añadís mas aceite y freís los dientes de ajo.

15-  Seguidamente, añadís la cebolla, el pimiento verde y la zanahoria.

16-  Cuando ésta última empiece a reblandecerse, añadís la pulpa de las berenjenas y cuando ésta se haya deshecho, el tomate y el bacon de nuevo.

17-  Dejad que se deshaga el tomate y añadís la sal, la pimienta negra y el comino según vuestro gusto.

18-  Todo esto a fuego medio/lento.

19-  Mientras tanto, las berenjenas se habrán ido reblandeciendo en el horno (conviene vigilarlas de vez en cuando mientras se hace todo lo anterior y sacarlas si vemos que van demasiado deprisa).

20-  Si no las hemos sacado antes, lo hacemos ahora y las rellenamos.

21-  Ponemos por encima el queso cortado y lo devolvemos todo al horno que estará en posición de gratinar.

22-  Cuando el queso se haya fundido y esté dorándose es el momento de sacarlas, llevarlas a la mesa y comerlas antes de que se enfríen.

 

 

 

   CROQUETAS DE ARROZ A LA MOZZARELLA

  •  Ingredientes (4 personas)

 -  400 gr. de arroz

- 2 huevos

- 1 mozzarella
- 1 loncha de jamón cocido
- 1 taza de pan rallado
- 8 dl. de caldo
- 4 cucharadas de parmesano
- 1 cucharada de mantequilla
- Aceite
- Sal
- Pimienta

 

 

  • Preparación

1-     Funde la mantequilla en una cacerola

2-     Añade el arroz y ponlo a fuego vivo durante unos minutos.

3-      Mientras, pon a hervir el caldo con el que irás mojando poco a poco el arroz.

4-      Deja cocer 1/4 de hora hasta que reduzca el caldo y el arroz quede seco.

5-      Espolvorea el parmesano, rectifica de sal y pimienta y esparce el arroz para que se enfríe.

6-      Pica el jamón y la mozzarella.

7-      Cuando el arroz esté frío, añade un huevo batido, mézclalo bien y forma unas bolas del grosor de un huevo.

8-      Haz un agujero en cada bola, introduce el jamón y la mozzarella y vuelve a cerrarlos.

9-      Pasa las bolas por el pan rallado y fríelas en una sartén con aceite muy caliente hasta que estén bien doradas.

10-  Retíralas del fuego y pásalas por un papel absorbente para eliminar el aceite.

11-  Sirve caliente.