Los dos meses siguientes a la ida de Paolo fueron un poco raros, todo se me hacia cuesta arriba, parecía que no me encontraba en ningún sitio, sentía envidia de todo lo que me rodeaba, no me gustaba quedarme sola, no podía dormir bien, me sentía inquieta. Sin embargo un día me di cuenta de que todo había cambiado, ¡me había acostumbrado a mi nueva vida! y parecía que empezaba a hacer las cosas de siempre. Quedar con mis amigas, quejarme por todo, dormir a pata suelta, estar sola en casa y sentirme a gusto.
Pero una mañana a principios de diciembre…
¡Ostias Amanda, hoy tienes ginecólogo!
Todos los años por esas fechas tengo mi revisión ginecológica y siempre se repite la misma historia. Llamas, pides cita, te la dan para el mes que viene, llegas a la consulta, esperas una hora, te lees todas las revistas de madres e hijos que hay, alguna de marujeo y siempre cae algún panfleto de un nuevo y revolucionario anticonceptivo mas seguro que el del año anterior. Después te llaman “Amanda Caro, Amanda Caro”. Te levantas “Puedes entrar”. Mientras vas pensando nooooooooo, nooooo, noooooo”. Entras donde esta el ginecólogo y te dice “Hola Amanda, ve con Ana que te dirá lo que tienes que hacer” Como si no lo supiera después de tantos años. Te metes en un cuarto y te desnudas de cintura abajo. Te sientas en el potro y a esperar a que llegue el matadero con el guante. Después de la revisión te vistes y te dan cita para recoger los resultados. Vuelves a las semanas y como estas como un roble te dicen “Estas perfecta, no tienes nada, ¿quieres hablar con ella?”Y como no tienes nada que decirle te vas a casa y santas pascuas.
Pero este año hubo algún que otro cambio. Mientras la ginecóloga me metía esa cosa de metal hasta el higadillo, me dijo “Amanda, tienes un pólipo” Ahhhhhhhhhhhhhhhhh! ¿Pólipo? ¿Qué es eso? ¿Es grabe? ¿Me muero? ¿Qué me queda? ¡Dígame la verdad!!! Que cara tendría de angustia que acto seguido y durante la explicación cambio la palabra pólipo por polipito.
“No es nada, es algo muy habitual. Si fueras una mujer menopausica lo dejaba ahí, pero al tener treinta años y supongo que pensando en formar una familia ¿yo? ¿Familia? ¿Embarazo? ¿Madre? Pero yo soy joven y…y… ¿hijos? A-a-a-a… debo de quitártelo sino, no podrás quedarte embarazada. Tienes que ponerte una inyección durante dos meses y al tercero te opero. Eso si, dejemos que pase la Navidad y enero para hacerlo todo con mas calma”
Me puse a pensar y… ¿dos meses? ¿Qué pase la Navidad? ¿Enero? Diciembre, enero, febrero, marzo… ¡abril!
Después de unos días y ya algo mas calmada hable con Paolo para decirle todo lo sucedido y que finalmente mi ida se retrasa dos meses.
Amanda