Viernes 23 Mayo 2008; El encuentro con Violeta

Después del jueves la verdad es que no estábamos de ánimo para preparar una salida y mucho menos una por la llegada de Violeta. Sara nos había dejado muy preocupadas aunque cuando nos levantamos el viernes por la mañana estaba mucho más animada, la dejamos arreglándose para ir a ver a Marta, su psicóloga. Como había pedido unos días en el trabajo la dejamos encargada de prepararlo todo y de ese modo mantendrían la mente ocupada todo el día.

 

A medio día recibí una llamada de Sara, Amanda, Vi ha llegado esta mañana a las doce, he quedado a las nueve en la plaza de Santo Domingo, en la puerta de la joyería Castañeda. Me sorprendí porque encontré a Sara realmente bien, además me había dicho que después de estar con Marta estaba preparada para una noche loca con las chicas. Me quede mucho mas tranquila después de hablar con ella. Esta chica tenía una fuerza que no era natural. En fin, tenía que darme prisa para terminar prontito y que me diera tiempo a dormir la siesta, la necesitaba.

 

Llegue a casa agotada a las seis de la tarde y me eche en el sofá. ¡Un viernes agotada! Esto parecía una broma del destino, jamás había estado tantas horas metida en el estudio un viernes, ¡esto era de locos! Dormí hasta las siete, hora en la que me sonó el despertador del móvil. Me levanté haciendo un esfuerzo descomunal y cuando me dirigía a la ducha Riiiiiiiiiiiiiiiing Riiiiiiiiiiiiiiiing. El teléfono. ¿Si? Era Carol, que ya estaba lista y venía de camino a mi casa. Miss Barbie, ¿lista? Habíamos quedado a las nueve y Carol ¿ya estaba? Ahora lo tenía claro el mundo estaba cambiando. Carol tarda de media tres horas en arreglarse, ella siempre tiene que ser la que de la nota discordante, la que nos pregunta a todas que nos vamos a poner para ella vestirse acorde a al situación. Carol era como una pequeña princesa, siempre impecable, siempre a la última. Llevaba las cosa yo creo que antes de que los diseñadores las sacaran al mercado. Así era carol, un pequeño escaparate viviente.

 

Después de muchas vueltas a mi armario ya había decidido cual sería mi conjunto de la noche. Un vestidito negro semitransparente que aun no había estrenado y que Paolo se empeño en que me comprara porque decía que estaba súper sexy con el y unos súper taconazos. Estaba empezando a maquillarme cuando sonó el timbre, Carol había llegado… Llevaba unos vaqueros oscuros, un top celeste de raso cogido al cuello con una gran lazo, unos zapatos de tacon del color de la camiseta y una cartera de mano naranja. Iba fiel a su estilo, muy a la última.

 

Mientras me maquillaba, Carol me contó los últimos sucesos con Gerard. Este seguía mandándole mensajes tiernos a los que ella contestaba con otro mensaje del mismo estilo. Cada vez que hablaba con ella estaba mas segura de que poco a poco Carol estaba pasando a otro nivel con Gerard, aquello se le estaba yendo de las manos. ¿Cómo terminaría todo esto? En fin, allí estaba sentada sobre el brazo del sofá sin parar de hablar de Gerard, bla bla bla bla bla bla.

 

A las nueve menos cuarto salimos de mi casa y mientras atravesábamos la plaza de Santo Domingo allí estaban las tres plantadas, Sara, Paloma y Violeta. En la vida hay muchos momentos buenos, pero pocos deben de serlo tanto como cuando me puedo reunir con mis chicas. Quiero tanto a mi familia murcianica que por ellas sería capaz de todo.

Violeta estaba más hippie que nunca, vestida con algo que parecían mil pañuelos colgados de su cuerpo y una súper cinta que le sujetaba su larga melena pelirroja. Sara iba impresionante con un vestido amarillo súper mini de manga corta y a Paloma le quedaba genial la maternidad, había cogido algunos kilitos desde la última vez que nos vimos, en mi treinta cumpleaños, pero estaba preciosa. Allí estábamos las guerreras de la noche preparadas par una nueva aventura.

 

Sara había reservado en un lounge bar súper fashion que no llevaba abierto ni un mes. La luz era tenue en tonos azules y morados, las paredes era oscuras, muchas lucecitas en el techo que emanaban un color dorado. Las sillas eran como huevos blancos que colgaban del techo, en las mesas había candelabros negros a juego con la cubertería y vajilla del mismo color. Reímos, gritamos, jugamos, recordamos vivencias, Violeta nos contó sus aventuras por las tierras de William Wallace. Donde había tenido un pequeño affaire con un escocés llamado Niall un bohemio y soñador de profesión recorredor de mundos. Y arreglamos nuestra quedada formal pero esta vez con chicos, sería el sábado en mi casa.

 

Después de la cena Paloma y su bebé se fueron a dormir y el resto emprendimos una larga ruta de bares, creo que no nos quedo ninguno por recorrer. Al final terminamos en un bar de Mariano rojas bailando como locas hasta las ocho de la mañana. Salimos todas del bar a las ocho como los vampiros con la cara blanca y los ojos rojos y parecía que no habíamos visto la luz del sol en años. Carol, Vi y yo pillamos un taxi a medias, Sara encontró un amigo en el que desahogarse esa noche, mas bien día o tarde, mmm, no lo se y la perdimos por la avenida tambaleándose de un lado a otro mientras con una mano sujetaba el bolso y la otra daba tirones a su amigo. Nosotras nos montamos en el taxi, primero dejó a Vi, después a Carol y por último me dejo a mi.

 

Cuando llegue a casa me bebí un baso de agua del tirón, le mandé un sms a Paolo para decirle que lo quería muucho y que era lo mejor de mi vida, ya se sabe…efectos del alcohol… Pero cuando me metí en la cama supe que era muy afortunada por tener esos cinco tesoros a mi lado.

 

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