Jueves 19 junio 2008; El estreno de…Sexo en Murcia ( I Parte )

 

  Estaba frente al ordenador cuando de repente mire la hora y…Mierda, ¡las siete! Tengo que empezar “la reconstrucción”.  Así fue como empezó mi caótica tarde.

 

  Me duche a toda prisa, después comencé con la operación armario. Saque la ropa de verano más sexy que tengo, la puse sobre la cama y emprece a probármela. Aaaaah! Que horror, ¿Cómo me pude comprar esto?, Esto…no me convence, Mmm demasiado…, Menudo culo me hace esto… No, no, no y mas noes hasta que de repente lo vi, ¡Siiiiii, este es el perfecto!

 

  Después de media hora eligiendo que me iba a poner, me fui corriendo al baño a secarme el pelo, con la tensión por los suelos, apunto del desmayo, entre el calor que hacia y el secador estuve a punto de morir allí mismo. Cuando termine, tuve que esperar un tiempo prudencial hasta que la temperatura de mi cuerpo volvía a ser la de siempre. Cuando empecé a maquillarme ya eran las ocho y cuarto. ¡Aaaaaaaaaaaah! Otra vez las prisas y en menos de un segundo… es la horaaaaaaa. Me fui a toda velocidad a la habitación y me vestí. Me eché un poco de mi perfume favorito y me fui al espejo de la entrada… Allí estaba yo con un top amarillo palabra de honor y una especie de flor a la izquierda del pecho izquierdo, unos pantalones pitillo negros, mis zapatos de tacón fino amarillos y una cartera de mano…Perfecta para una noche como la que estaba a punto de empezar.

 

  Sara me llamo al móvil Baja, que estoy mal aparcada. Me di el último vistazo delante del espejo y… ¡perfecta!, estaba claro, esta noche íbamos a triunfar.

 

  Cuando salí a la calle, vi a Sara apoyada en el coche, fumándose un cigarro. Llevaba un vestido palabra de honor negro con lunares blancos, un cinturón ancho d color blanco a la cintura y unos zapatos de tacón blancos. Entonces me miro, sonrio con cara de picara y lanzo el cigarro al suelo. ¿Vamos?

 

  A los diez minutos pasamos a por Carol, que como no, nos tuvo esperando mas de media hora. Cuando por fin apareció Carol eran las nueve y media pasadas. Antes de meterse en el coche se dio una vuelta sobre si misma para terminar con ¿Qué tal? Llevaba una vestido con caída de color azul eléctrico y con escote de corazón, y unos súper zapatos de plataforma. 

 

  Como era de esperar, cuando llegamos al restaurante, uno de los más frecuentado de Murcia, una hora y pico después de la hora de la reserva, el chico que nos esperaba en la puerta del restaurante nos dijo muy amablemente que nos fuéramos a tomar viento fresco… ¡nos habíamos quedado sin reserva! Sara y yo miramos a Carol con cara de asesinas en serie…pero por mucho que Carol intento camelarse al camarero…nos piramos de allí sin saber muy bien a donde ir. Mire el reloj, ¡Son las diez! Tenemos media hora.

 

  Entonces Sara dijo chicas subir al coche ya se donde vamos a cenar. Carol y yo obedecimos sin rechistar.

 Cuando llegue a Murcia, hace ya casi cuatro años, era una mujer libre e independiente, no tenía compromisos con nadie. No me costo mucho adaptarme a la ciudad, porque es muy viva, la gente es muy abierta y enseguida encuentras tu sitio.

 

  Cuando empecé a trabajar, había un chico en el estudio, Ángel, con el que congenie desde el primer momento. Con el, me lo pasaba genial y solíamos salir del curro y tomarnos alguna cerveza o lo que se terciara. Hasta que me dijo de quedar un fin de semana con sus amigos y teniendo en cuenta que no conocía a nadie y que me pasaba los fines de semana sola, acepte sin pensármelo ni un instante.

 

  Y en el grupo me encontré a una Sara tranquila, enamorada, complaciente, que no veía más allá de los ojos de Samuel. Era la típica chica entregada en cuerpo y alma a su pareja. El era el centro de su existencia y cualquier cosa que Samuel dijera iba a misa, incluso si ella pensaba lo contrario. También me encontré con una Carol que según me había dicho Ángel llevaba siete años con su novio Mateo, y a pesar de que siempre la veían como la típica pareja que haría todo lo que la sociedad estipula. Carol era independiente, pensaba por si misma, contradecía al mundo para defender sus ideales, muy inteligente, una chica con las ideas muy claras que lo llevaba todo hasta el extremo. También conocí a una Violeta jovial, que todo le sabia a poco, alérgica al compromiso y a una Paloma y su por entonces novio Pedro, muy callada, reservada y tímida pero con un corazón de oro. Y ellas… se encontraron a una Amanda que desde los dieciocho años deambula por el mundo sin rumbo fijo, completamente loca, que iba y venia con los tíos que le daba la gana, que se lo pasaba genial, que vivía al limite sin importarle lo que pensaran los demás y que la palabra compromiso le ponía los pelos de gallina. Su lema era: Vivir, vivir y vivir.

 

  Un mes después de empezar a salir con ellos, Ángel se fue a Inglaterra con su novio en busca de aventura y así fue como ocupe el hueco que Ángel había dejado. Empecé a quedar con ellas los sábados, luego días sueltos entre semana, hasta que llego el ritual de los domingos. Sara, Carol, Violeta y yo, nos tirarnos las tardes de los domingos muertos en mi casa viendo capítulos de Sexo en Nueva York, después los analizábamos, y cada una soñaba con lo que tenia y lo que realmente le gustaría tener. Para terminar la faena nos íbamos al “Foster” a por una súper cena, que acabo siendo siempre la misma. 

 

  Y así fue como terminamos poniéndonos un papel dentro de la serie, cada una de nosotras tenía un pellizco de las chicas de Sexo en Nueva York. Según la vida que por aquel entonces llevábamos, la cosa quedo así. Violeta era Miranda cabezota e independiente, libre como el viento. Sara era Charlotte, la casta y pura, una mujer fiel y entregada a su hombre, capaz de dejarlo todo por el. Carol era Carrie, la que estaba en el centro, la más equilibrada, la que tenía a su príncipe azul sin perder su libertad Y yo…bueno, por aquel entonces era soltera y un poco alocada, vivía sola desde los dieciocho, ¿Qué quieres? Me gustaba divertirme, vivir a lo loco y además no le tenia que dar explicaciones a nadie desde hacía muchos años…así que dejémoslo… en que me lo montaba bien…por aquel entonces Samantha era mi personaje.

 

  Quien me iba a decir a mí que cuatro años después, todo iba a cambiar tanto…

 

  Pero aquella noche estábamos las tres como en los viejos tiempos, delante de la puerta del Foster esperando que llegara el momento de reencontrarnos con las chicas que una vez dejamos allí enterradas…

 

Violeta te echamos mucho de menos…

 

 

 

 

                                                                                                                                                   Amanda

 

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